Einhänder
beingxtina:

Dejar de fumar es fácil
Siempre recordaré el 2012 como un gran año, por una sencilla razón: Decidí dejar de fumar. Sin darme cuenta, llevaba ya unos quince años como fumadora. Al principio lo hacía de forma ocasional. Jamás compraba mis propias cajetillas, sino que fumaba los cigarrillos de los demás. Al final, una caja de cigarrillos con suerte me duraba menos de dos días. Y los fines de semana, si había alcohol en la ecuación, sencillamente me fumaba todos los cigarrillos que tuviera en frente. Existen muchos tipos de fumadores, pero considero que yo era una de las peores, ya que me generaba ansiedad el simple hecho de visualizarme en un lugar donde no se pudiera fumar. Era como si mi felicidad no pudiera estar completa si no estaba fumando. Recuerdo que fui a visitar a un amigo en Medellín y literalmente sufrí. En vez de mirar la arquitectura, los árboles y los paisas, me obsesionaba secretamente encontrar un lugar donde no estuviera el bendito cartelito de “Espacios Libres de Humo”. También recuerdo un diciembre en París, donde me auto sometí a la tortura de fumar en la calle, casi bajo la nieve, en pleno invierno. Nada me importaba. Necesitaba sentir el humo dentro de mí y expulsarlo por la boca, creyéndome sofisticada e interesante. Una esclava encadenada a mí misma; esa era yo en realidad.
Intenté varias veces dejar de fumar sin éxito. Tan pronto sentía estrés o tomaba una copa, regresaba a mi vicio de siempre, derrotada. Siempre había una excusa: “Es que estoy deprimida porque terminé con mi novio”, “es que tengo estrés por el cierre de la revista”, “es que beber sin fumar es imposible”, y así, una interminable lista de absurdos etcéteras… Excusas. Estaba convencida de que no podía y ese era precisamente mi problema: Era necesario convencerme a mí misma de que no podía, para esconder la verdadera razón de mi fracaso: No quería dejar de fumar. 
Dejar de fumar es la cosa más sencilla del mundo y hoy voy a decirles el secreto del millón de dólares: Para dejar el cigarrillo lo único que tienes que hacer es NO FUMAR NUNCA MÁS UN CIGARRILLO. Así de simple. Si REALMENTE quieres librarte del vicio nunca más inhales ni siquiera una bocanada. Si tu decisión está tomada, tendrás éxito.
Tomar la decisión es el final de un proceso, que es diferente para cada persona. Les contaré el mío. Todo empezó gracias a un amigo, artista plástico, cuyas obras siempre habían carecido por completo de color. Para mi sorpresa, un día, lo reencontré sorpresivamente en una exposición suya, desbordada de los colores más vibrantes. Fuimos a cenar y no pude evitar hacerle preguntas al respecto. Me contó que había dejado de fumar y que ese cambio había desencadenado una serie de eventos positivos: “Dejar de fumar le devolvió el color a mi vida”. Fue un Wake Up Call. Soy muy sensible a lo poético, a la metáfora y me sentí invadida por una admiración, mientras controlaba mi desesperación por salir a fumar. Pero a la vez, me consumió la envidia más positiva que he sentido jamás: La Envidia al No fumador. Ese día, más que ningun otro, deseé convertirme en una. 
Quizás esa conversación fue la gota que derramó el vaso. Pero la verdad es que tenía cientos de razones para dejar de fumar: 1. La desagradable sensación de llegar a casa oliendo a cenicero y a malas decisiones. 2. El matiz amarillo que nunca abandonaba a mis dientes y manos. 3. La tos crónica que me acompañaba siempre. Mi mamá sabía que ya había llegado a casa o que ya me había despertado, porque me escuchaba toser como un anciano golpeado por la vida. 4. La cantidad absurda de dinero que gastaba en cigarrillos. Si veía una moneda, pensaba en cuántos cigarrillos detallados podría comprarme con ella. ¿Así o más patética? 6. La guerra de mis amigos, quienes ya no soportaban mi chimenea ambulante y apestosa, y a quienes pido disculpas por tantos años de humo secundario y asientos de automóviles quemados. 7. Porque subir tres pisos de unas escaleras era quedarme sin aliento y con el corazón a punto de explotar. Esto me generaba ataques de pánico terribles…
Fumar es tenerle más miedo a morir, porque sabes que cada bocanada te acerca más a la muerte…
Otra fuente de motivación que me estimuló a dejar de fumar, fue el haber empezado a ejercitarme. Pretender correr cuando se fuma es, literalmente, hacer el ridículo. Animada por los tweets de @SaschaFitness y @SoySaludable, inicié un cambio de vida y por primera vez empecé a RESPETAR mi cuerpo. DECIDÍ aniquilar todos los hábitos que pudieran dañarlo. Porque sí, está muy bien comer almendras, usar poca sal, hervir el pollo y comer arroz integral, pero esos esfuerzos eran inútiles si seguía envenenándome lenta y voluntariamente con cigarrillos. 
No te engañes. El cigarrillo no te brinda placer, de hecho, es un estresor del sistema nervioso. El cigarrillo es VENENO. Contiene unas 200 sustancias químicas dañinas, 50 de ellas comprobadas científicamente como cancerígenas. Les contaré solo de algunas porque no soy científico, pero en estos días con solo Googlear basta para hacerse a una idea (Si un científico me lee, puede corregirme y aportar lo que quiera, porque sé que solo me ayudarán a demostrar con mayor propiedad que el cigarrillo es Veneno):
Amoníaco: ¡Sí! ese químico que huele terrible, que se usa para limpiar las manchas del baño que no salen con nada, y que ya ni en los tintes de cabello quieren usar.
Acetona: ¡Ajá! Esa misma. La que usas para quitarte el esmalte de las uñas. 
Nicotina: El componente que causa la adicción. Tu cuerpo se vuelve dependiente de ella y cuando le falta te pones irritable, nervioso, no te puedes concentrar. Es el momento cuando sientes que “matarías” por un cigarrillo. Lo que tienes es  simplemente el “mono” del Síndrome de Abstinencia. Por eso los fumadores creen equivocadamnte que fumar los tranquiliza. Falso. Sólo estás alimentando al monstruo de tu adicción.
Arsénico: Si leíste “Flores en el Ático” de V.C Andrews, sabrás que con este químico envenenaba la malvada madre a sus hijos. También se usa como mata ratas.
Metano: Este es el gas que sale de las alcantarillas, el que se produce cuando la basura se descompone. Una vez inhalado, irrita la mucosa nasal, bucal, auditiva y ocular, y por supuesto a los pulmones. 
Metanol: Es un combustible que se usa para impulsar cohetes. 
Alquitrán: Una cosa negra, oscura y pegajosa que se queda pegada dentro de tus pulmones.
Formaldehído: Usado para embalsamar muertos ¿Hace falta que continúe con esta lista?
El 6 de junio de 2012 fue mi primer día como No Fumadora. Empecé más decidida que nunca gracias a un libro que les recomiendo infinitamente. La sección de auto ayuda de las librerías me produce alergia, y el título de este texto es tan obvio y ridículo que no entiendo cómo me decidí a leerlo en primer lugar. Se llama “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo”. Fue escrito por un hombre llamado Allen Carr, quien durante 30 años fumó entre 60 y 100 cigarrillos al día. Dejó de fumar tras una sesión de hipnosis a la que asistió porque su esposa se lo pidió. Le llevó solo dos horas dejar de fumar. Carr se hizo famoso tras escribir un libro sobre su experiencia, que ha sido traducido a más de 25 idiomas y que ha vendido cerca de 10 millones de copias. Millones de personas afirman haber dejado de fumar luego de leerlo. Yo soy una de ellas. Y creánme, nadie tuvo que hipnotizarme. 
Les tengo buenas noticias. La nicotina presente en tu cuerpo solo necesita 28 días para ser eliminada. Así que, el Síndrome de Abstinencia solo puede afectarte dentro de esos 28 días. Ese es el tiempo que necesitas para “curarte” de tu adicción física. El resto del tiempo, cualquier mareo, taquicardia o síntoma, lo está produciendo tu adicción psicológica, tu mente. No es real.
Debes convencerte de lo malo y desagradable que es el cigarrillo, y no dejarlo bajo la premisa de la añoranza. Debes aprender a odiar el cigarrillo. A sentir asco por él. Pregúntate: ¿Añorarías tener dentro de ti veneno mata ratas, gases de alcantarilla, solventes químicos y formol para embalsamar muertos? Pues eso es el cigarrillo. Nada más. El cine y la televisión tienen años engañándote para hacerte creer que serás más interesante, sexy y cool si fumas, pero eso es falso. Un fumador es alguien débil, un esclavo, cuya paz mental depende de un veneno maloliente. 
Recuerdo que cuando fumaba no podría disfrutar plenamente de nada. Si estaba en la boda de una amiga, la mitad del tiempo pensaba en cuánto faltaba para salir a fumar. El cine era sinónimo de dos horas sin fumar. Si estaba conversando con alguien que no fumaba, perdía la concentración pensando en cuándo podía interrumpirlo para salir a fumar. No tener un yeskero generaba un caos total en mi humeante existencia. No tener un cigarrillo podía quitarme el sueño y hacerme salir de madrugada a buscarlo a toda costa.
Hoy, cuando veo a personas que amo fumando, no puedo evitar sentir pena por ellas. Veo mi reflejo pasado, mi debilidad, me doy cuenta de cómo olía yo sin darme cuenta, y de todo el dinero que desperdicié no solo en cigarros ¡sino en perfumes caros! Porque mis queridos fumadores, sépanlo: El chicle no les quita el mal aliento. El splash no les quita el olor. El antibacterial no les purifica las manos. Basta con estar frente a alguien que fumó, para darse cuenta de que lo hizo, aunque trate de ocultarlo con perfumes, cremitas y Halls 
Uno de mis mejores amigos, un “heavy smoker” a quien adoro, hace poco me pregunto: “¿Por qué ya casi no me abrazas?”. Callé, porque no quise herirlo, pero lo cierto es que cada vez que lo saludo todo mi cuerpo rechaza su olor a cigarrillo. Para mí es un vaho detestable que solo me recuerda el daño irreversible que hice a mis pulmones y lo tonta que fui por fumar tantos años.
Consejo. No le digan al mundo entero: “¡Dejé de fumar!”. Mucho menos lo digan a personas que aun fuman. En mi primer mes, estaba invadida por el entusiasmo, sobre saturada de información, y andaba como un testigo de Jehová anti tabaco queriendo que todo el mundo dejara de fumar conmigo. Por supuesto, esto resultó fastidioso y es probable que haya hecho que esas personas fumaran aun más. No faltaron los incrédulos: “¿Tú? ¿Dejar de fumar? No te doy una semana”. Era como si de repente, dejar de fumar fuera algo imposible y hasta repudiable. Pero no existe fuerza más motivadora que alguien te diga: “No puedes”. Yo puedo hacer lo que sea que me proponga. NADA es imposible. Así que decidí callar mi discurso y hablar a través del acto más contundente de todos: La acción. NO FUMAR NI UN CIGARRILLO MÁS. ¿Y saben qué? No me costó ni un poquito. Cada día que pasaba sin fumar, me sentía más fuerte, más triunfante y más viva. Mi vida también se llenó de color.
Dos aplicaciones para iPhone fueron increíblemente útiles para mantenerme motivada los primeros meses: My Quit Coach de Livestrong (los 4 dólares mejor gastados de toda mi vida) y My Last Cigarrette.
My Quit Coach es increíblemente útil, ya que premia tus esfuerzos diarios. Te da medallas por tener 1 día din fumar, 1 semana sin fumar, tantos meses o años sin fumar. Y a la vez, te conecta con un grupo de soporte en línea de personas que están dejando de fumar con las que puedes compartir tus logros y debilidades. Cada vez que tenia un craving, lo compartía con la comunidad, y a la vez me nutría de sus experiencias. Suenta tonto, pero agradezco de corazón a todas las personas anónimas que encontré en ese chat.
My Last Cigarette es brutal, porque con solo configurar la fecha en que dejaste de fumar, inicia una cuenta progresiva del tiempo que llevas como no fumador, y la cuenta regresiva del daño que hiciste a tus órganos más importantes como el corazón, pulmones y sistema circulatorio. Pero lo mejor de todo: Si un día estás tentado a recaer, basta con ver la “Foto del día” para que se te quiten las ganas. Créanme: La aplicación tiene una base de datos de las fotos más horribles acerca de los efectos nocivos del cigarrillo: tumores monstrusos, dientes en ruinas, fetos malformados… Es una pequeña ventana hacia el horror. Es una pequeña ventana hacia el cigarrillo. Es un vistazo terrible de una posible muerte que estás apartando con una sola decisión: No fumar. 
Si tienes años intentando dejar de fumar, te aconsejo que busques el libro de Allen Carr, o cualquier cosa que creas que puede servirte a ti, y la hagas de una vez. Sin disminuir la cantidad de cigarrillos. No creo en parches, en dejarlo poco a poco. Eso es prolongar el proceso e imponerte un sufrimiento innecesario. Deja de fumar con el método que llaman en inglés “Cold Turkey”. Es decir, de una vez por todas. Fúmate ese último cigarrillo YA y despídete del vicio. No lo extrañarás ni un poquito, porque ¿sabes qué? No es tu verdadero amigo.

beingxtina:

Dejar de fumar es fácil

Siempre recordaré el 2012 como un gran año, por una sencilla razón: Decidí dejar de fumar. Sin darme cuenta, llevaba ya unos quince años como fumadora. Al principio lo hacía de forma ocasional. Jamás compraba mis propias cajetillas, sino que fumaba los cigarrillos de los demás. Al final, una caja de cigarrillos con suerte me duraba menos de dos días. Y los fines de semana, si había alcohol en la ecuación, sencillamente me fumaba todos los cigarrillos que tuviera en frente. Existen muchos tipos de fumadores, pero considero que yo era una de las peores, ya que me generaba ansiedad el simple hecho de visualizarme en un lugar donde no se pudiera fumar. Era como si mi felicidad no pudiera estar completa si no estaba fumando. Recuerdo que fui a visitar a un amigo en Medellín y literalmente sufrí. En vez de mirar la arquitectura, los árboles y los paisas, me obsesionaba secretamente encontrar un lugar donde no estuviera el bendito cartelito de “Espacios Libres de Humo”. También recuerdo un diciembre en París, donde me auto sometí a la tortura de fumar en la calle, casi bajo la nieve, en pleno invierno. Nada me importaba. Necesitaba sentir el humo dentro de mí y expulsarlo por la boca, creyéndome sofisticada e interesante. Una esclava encadenada a mí misma; esa era yo en realidad.

Intenté varias veces dejar de fumar sin éxito. Tan pronto sentía estrés o tomaba una copa, regresaba a mi vicio de siempre, derrotada. Siempre había una excusa: “Es que estoy deprimida porque terminé con mi novio”, “es que tengo estrés por el cierre de la revista”, “es que beber sin fumar es imposible”, y así, una interminable lista de absurdos etcéteras… Excusas. Estaba convencida de que no podía y ese era precisamente mi problema: Era necesario convencerme a mí misma de que no podía, para esconder la verdadera razón de mi fracaso: No quería dejar de fumar. 

Dejar de fumar es la cosa más sencilla del mundo y hoy voy a decirles el secreto del millón de dólares: Para dejar el cigarrillo lo único que tienes que hacer es NO FUMAR NUNCA MÁS UN CIGARRILLO. Así de simple. Si REALMENTE quieres librarte del vicio nunca más inhales ni siquiera una bocanada. Si tu decisión está tomada, tendrás éxito.

Tomar la decisión es el final de un proceso, que es diferente para cada persona. Les contaré el mío. Todo empezó gracias a un amigo, artista plástico, cuyas obras siempre habían carecido por completo de color. Para mi sorpresa, un día, lo reencontré sorpresivamente en una exposición suya, desbordada de los colores más vibrantes. Fuimos a cenar y no pude evitar hacerle preguntas al respecto. Me contó que había dejado de fumar y que ese cambio había desencadenado una serie de eventos positivos: “Dejar de fumar le devolvió el color a mi vida”. Fue un Wake Up Call. Soy muy sensible a lo poético, a la metáfora y me sentí invadida por una admiración, mientras controlaba mi desesperación por salir a fumar. Pero a la vez, me consumió la envidia más positiva que he sentido jamás: La Envidia al No fumador. Ese día, más que ningun otro, deseé convertirme en una.

Quizás esa conversación fue la gota que derramó el vaso. Pero la verdad es que tenía cientos de razones para dejar de fumar: 1. La desagradable sensación de llegar a casa oliendo a cenicero y a malas decisiones. 2. El matiz amarillo que nunca abandonaba a mis dientes y manos. 3. La tos crónica que me acompañaba siempre. Mi mamá sabía que ya había llegado a casa o que ya me había despertado, porque me escuchaba toser como un anciano golpeado por la vida. 4. La cantidad absurda de dinero que gastaba en cigarrillos. Si veía una moneda, pensaba en cuántos cigarrillos detallados podría comprarme con ella. ¿Así o más patética? 6. La guerra de mis amigos, quienes ya no soportaban mi chimenea ambulante y apestosa, y a quienes pido disculpas por tantos años de humo secundario y asientos de automóviles quemados. 7. Porque subir tres pisos de unas escaleras era quedarme sin aliento y con el corazón a punto de explotar. Esto me generaba ataques de pánico terribles…

Fumar es tenerle más miedo a morir, porque sabes que cada bocanada te acerca más a la muerte…

Otra fuente de motivación que me estimuló a dejar de fumar, fue el haber empezado a ejercitarme. Pretender correr cuando se fuma es, literalmente, hacer el ridículo. Animada por los tweets de @SaschaFitness y @SoySaludable, inicié un cambio de vida y por primera vez empecé a RESPETAR mi cuerpo. DECIDÍ aniquilar todos los hábitos que pudieran dañarlo. Porque sí, está muy bien comer almendras, usar poca sal, hervir el pollo y comer arroz integral, pero esos esfuerzos eran inútiles si seguía envenenándome lenta y voluntariamente con cigarrillos. 

No te engañes. El cigarrillo no te brinda placer, de hecho, es un estresor del sistema nervioso. El cigarrillo es VENENO. Contiene unas 200 sustancias químicas dañinas, 50 de ellas comprobadas científicamente como cancerígenas. Les contaré solo de algunas porque no soy científico, pero en estos días con solo Googlear basta para hacerse a una idea (Si un científico me lee, puede corregirme y aportar lo que quiera, porque sé que solo me ayudarán a demostrar con mayor propiedad que el cigarrillo es Veneno):

Amoníaco: ¡Sí! ese químico que huele terrible, que se usa para limpiar las manchas del baño que no salen con nada, y que ya ni en los tintes de cabello quieren usar.

Acetona: ¡Ajá! Esa misma. La que usas para quitarte el esmalte de las uñas.

Nicotina: El componente que causa la adicción. Tu cuerpo se vuelve dependiente de ella y cuando le falta te pones irritable, nervioso, no te puedes concentrar. Es el momento cuando sientes que “matarías” por un cigarrillo. Lo que tienes es  simplemente el “mono” del Síndrome de Abstinencia. Por eso los fumadores creen equivocadamnte que fumar los tranquiliza. Falso. Sólo estás alimentando al monstruo de tu adicción.

Arsénico: Si leíste “Flores en el Ático” de V.C Andrews, sabrás que con este químico envenenaba la malvada madre a sus hijos. También se usa como mata ratas.

Metano: Este es el gas que sale de las alcantarillas, el que se produce cuando la basura se descompone. Una vez inhalado, irrita la mucosa nasal, bucal, auditiva y ocular, y por supuesto a los pulmones. 

Metanol: Es un combustible que se usa para impulsar cohetes.

Alquitrán: Una cosa negra, oscura y pegajosa que se queda pegada dentro de tus pulmones.

Formaldehído: Usado para embalsamar muertos ¿Hace falta que continúe con esta lista?

El 6 de junio de 2012 fue mi primer día como No Fumadora. Empecé más decidida que nunca gracias a un libro que les recomiendo infinitamente. La sección de auto ayuda de las librerías me produce alergia, y el título de este texto es tan obvio y ridículo que no entiendo cómo me decidí a leerlo en primer lugar. Se llama “Es fácil dejar de fumar si sabes cómo”. Fue escrito por un hombre llamado Allen Carr, quien durante 30 años fumó entre 60 y 100 cigarrillos al día. Dejó de fumar tras una sesión de hipnosis a la que asistió porque su esposa se lo pidió. Le llevó solo dos horas dejar de fumar. Carr se hizo famoso tras escribir un libro sobre su experiencia, que ha sido traducido a más de 25 idiomas y que ha vendido cerca de 10 millones de copias. Millones de personas afirman haber dejado de fumar luego de leerlo. Yo soy una de ellas. Y creánme, nadie tuvo que hipnotizarme. 

Les tengo buenas noticias. La nicotina presente en tu cuerpo solo necesita 28 días para ser eliminada. Así que, el Síndrome de Abstinencia solo puede afectarte dentro de esos 28 días. Ese es el tiempo que necesitas para “curarte” de tu adicción física. El resto del tiempo, cualquier mareo, taquicardia o síntoma, lo está produciendo tu adicción psicológica, tu mente. No es real.

Debes convencerte de lo malo y desagradable que es el cigarrillo, y no dejarlo bajo la premisa de la añoranza. Debes aprender a odiar el cigarrillo. A sentir asco por él. Pregúntate: ¿Añorarías tener dentro de ti veneno mata ratas, gases de alcantarilla, solventes químicos y formol para embalsamar muertos? Pues eso es el cigarrillo. Nada más. El cine y la televisión tienen años engañándote para hacerte creer que serás más interesante, sexy y cool si fumas, pero eso es falso. Un fumador es alguien débil, un esclavo, cuya paz mental depende de un veneno maloliente.

Recuerdo que cuando fumaba no podría disfrutar plenamente de nada. Si estaba en la boda de una amiga, la mitad del tiempo pensaba en cuánto faltaba para salir a fumar. El cine era sinónimo de dos horas sin fumar. Si estaba conversando con alguien que no fumaba, perdía la concentración pensando en cuándo podía interrumpirlo para salir a fumar. No tener un yeskero generaba un caos total en mi humeante existencia. No tener un cigarrillo podía quitarme el sueño y hacerme salir de madrugada a buscarlo a toda costa.

Hoy, cuando veo a personas que amo fumando, no puedo evitar sentir pena por ellas. Veo mi reflejo pasado, mi debilidad, me doy cuenta de cómo olía yo sin darme cuenta, y de todo el dinero que desperdicié no solo en cigarros ¡sino en perfumes caros! Porque mis queridos fumadores, sépanlo: El chicle no les quita el mal aliento. El splash no les quita el olor. El antibacterial no les purifica las manos. Basta con estar frente a alguien que fumó, para darse cuenta de que lo hizo, aunque trate de ocultarlo con perfumes, cremitas y Halls 

Uno de mis mejores amigos, un “heavy smoker” a quien adoro, hace poco me pregunto: “¿Por qué ya casi no me abrazas?”. Callé, porque no quise herirlo, pero lo cierto es que cada vez que lo saludo todo mi cuerpo rechaza su olor a cigarrillo. Para mí es un vaho detestable que solo me recuerda el daño irreversible que hice a mis pulmones y lo tonta que fui por fumar tantos años.

Consejo. No le digan al mundo entero: “¡Dejé de fumar!”. Mucho menos lo digan a personas que aun fuman. En mi primer mes, estaba invadida por el entusiasmo, sobre saturada de información, y andaba como un testigo de Jehová anti tabaco queriendo que todo el mundo dejara de fumar conmigo. Por supuesto, esto resultó fastidioso y es probable que haya hecho que esas personas fumaran aun más. No faltaron los incrédulos: “¿Tú? ¿Dejar de fumar? No te doy una semana”. Era como si de repente, dejar de fumar fuera algo imposible y hasta repudiable. Pero no existe fuerza más motivadora que alguien te diga: “No puedes”. Yo puedo hacer lo que sea que me proponga. NADA es imposible. Así que decidí callar mi discurso y hablar a través del acto más contundente de todos: La acción. NO FUMAR NI UN CIGARRILLO MÁS. ¿Y saben qué? No me costó ni un poquito. Cada día que pasaba sin fumar, me sentía más fuerte, más triunfante y más viva. Mi vida también se llenó de color.

Dos aplicaciones para iPhone fueron increíblemente útiles para mantenerme motivada los primeros meses: My Quit Coach de Livestrong (los 4 dólares mejor gastados de toda mi vida) y My Last Cigarrette.

My Quit Coach es increíblemente útil, ya que premia tus esfuerzos diarios. Te da medallas por tener 1 día din fumar, 1 semana sin fumar, tantos meses o años sin fumar. Y a la vez, te conecta con un grupo de soporte en línea de personas que están dejando de fumar con las que puedes compartir tus logros y debilidades. Cada vez que tenia un craving, lo compartía con la comunidad, y a la vez me nutría de sus experiencias. Suenta tonto, pero agradezco de corazón a todas las personas anónimas que encontré en ese chat.

My Last Cigarette es brutal, porque con solo configurar la fecha en que dejaste de fumar, inicia una cuenta progresiva del tiempo que llevas como no fumador, y la cuenta regresiva del daño que hiciste a tus órganos más importantes como el corazón, pulmones y sistema circulatorio. Pero lo mejor de todo: Si un día estás tentado a recaer, basta con ver la “Foto del día” para que se te quiten las ganas. Créanme: La aplicación tiene una base de datos de las fotos más horribles acerca de los efectos nocivos del cigarrillo: tumores monstrusos, dientes en ruinas, fetos malformados… Es una pequeña ventana hacia el horror. Es una pequeña ventana hacia el cigarrillo. Es un vistazo terrible de una posible muerte que estás apartando con una sola decisión: No fumar. 

Si tienes años intentando dejar de fumar, te aconsejo que busques el libro de Allen Carr, o cualquier cosa que creas que puede servirte a ti, y la hagas de una vez. Sin disminuir la cantidad de cigarrillos. No creo en parches, en dejarlo poco a poco. Eso es prolongar el proceso e imponerte un sufrimiento innecesario. Deja de fumar con el método que llaman en inglés “Cold Turkey”. Es decir, de una vez por todas. Fúmate ese último cigarrillo YA y despídete del vicio. No lo extrañarás ni un poquito, porque ¿sabes qué? No es tu verdadero amigo.

curioseando:

Es irónico ver como se grita ¡Tolerancia! pero en el momento en que alguien expresa algo que no aceptamos, ya sea religioso, político o incluso fílmico, arremetemos contra esa personas sintiendo que tenemos la verdad en nuestra mano.

Sí, hablo en plural, porque a todos nos ha pasado. La…

Este post nunca existió, usted se estaba masturbando.

Este post nunca existió, usted se estaba masturbando.

jaycerxsiempre:

La piratería online en números.
Bien interesante, y va a causar tres cosas:
Un remordimiento de conciencia como en tres personas.
Que la gente que igualito baja vainas sepa qué le está costando a quién en el mundo.
Que las cosas sigan igualito. XD 

jaycerxsiempre:

La piratería online en números.

Bien interesante, y va a causar tres cosas:

  1. Un remordimiento de conciencia como en tres personas.
  2. Que la gente que igualito baja vainas sepa qué le está costando a quién en el mundo.
  3. Que las cosas sigan igualito. XD 

velvor:

Ayer estaba pensando en escribir un post relacionado con la piratería de video (concretamente series y películas). Hoy prometo ponerme a escribir de eso, pero mientras, les dejo estos números… son interesantes… ¿qué pasaría si los desarrolladores de software bajaran el precio de su producto? Ya lo hizo Apple con Mac OS X Lion y, contra lo que yo hubiera pensado, es el sistema operativo más pirateado… entonces, ¿qué es lo que nos hace valorar tan poco el trabajo del prójimo?

No tiro la piedra, ni me rasgo las vestiduras, pues he recurrido a software pirata en algunas ocasiones, pero al contrario del razonamiento que tengo con respecto a las películas y series, creo que es grave que tengamos tan poco respeto por el trabajo de gente que nos entrega productos que nos ayudan a trabajar y divertirnos día a día.

Ustedes, ¿qué piensan?

“Lo que se quedó en el tintero” o “Lo que se quedó en marcadores”

Yo en vez de decir “Lo que se quedó en el tintero” debería decir “Lo que se quedó en marcadores” por la gran cantidad de cosas tengo en los discos duros, marcadores y favoritos que debiera postear…